¡Se burló de la DEA! El ‘Mini Lic’ vuelve a prisión tras vender fentanilo siendo testigo protegido.

Parece que la libertad supervisada no fue suficiente para Dámaso López Serrano, mejor conocido como “El Mini Lic”. Quien fuera una de las piezas clave en el organigrama del Cártel de Sinaloa y testigo estelar contra sus antiguos socios, acaba de recibir una nueva bofetada judicial. Este 4 de febrero de 2026, el juez Anthony Trenga, de la Corte Federal de Alexandria, Virginia, lo sentenció a 5 años de prisión por intentar vender fentanilo en suelo estadounidense mientras se suponía que estaba bajo el ala de la justicia.

La caída del «Junior» en Virginia

A pesar de su pasado como colaborador de la DEA, López Serrano rompió la regla de oro: no volver al negocio. En 2024, agentes del FBI lo capturaron en su propio domicilio en Washington, Virginia, tras una operación encubierta. La investigación reveló que, aprovechando su libertad bajo supervisión, el hijo de Dámaso López Núñez (“El Licenciado”) orquestó la venta de 3 kilogramos de fentanilo en Los Ángeles, California.

Aunque inicialmente intentó negar los cargos, la evidencia fue aplastante: los compradores eran agentes federales que documentaron paso a paso la transacción.

La sombra del asesinato de Javier Valdez

Mientras en Estados Unidos su castigo se centra en las drogas, en México su nombre sigue vinculado a uno de los episodios más negros del periodismo: el asesinato de Javier Valdez Cárdenas. El fundador del semanario Ríodoce y «cronista del narco» fue acribillado el 15 de mayo de 2017 en Culiacán, Sinaloa.

En 2022, la justicia mexicana sentenció a Heriberto Picos Barraza, alias “El Koala”, a 14 años y ocho meses por este crimen. Fue precisamente «El Koala» quien hundió a “El Mini Lic”, al testificar que el asesinato de Valdez se ejecutó bajo las órdenes directas de Dámaso López Serrano, aparentemente por las críticas que el periodista publicaba sobre la pugna interna del cártel.

Un perfil marcado por la traición

“El Mini Lic” creció en la cúpula del poder criminal. Su padre fue compadre de Joaquín “El Chapo” Guzmán, pero la guerra interna tras la captura del líder los llevó a entregarse a las autoridades estadounidenses. Su papel como testigo colaborador le permitió obtener beneficios procesales que ahora, tras este nuevo delito, parecen haberse esfumado.

Con esta sentencia, la Corte Federal de Alexandria envía un mensaje claro: ni siquiera los testigos protegidos más valiosos están por encima de la ley, especialmente cuando se trata de la crisis del fentanilo que azota a Estados Unidos.

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